El histórico pianista, músico de John Coltrane, se presentará con su trío y el gran Gary Bartz como solista invitado y y una dupla rítmica también de excelencia: Gerald Cannon en contrabajo y el baterista Eric Kamau Gravatt.
Mc Coy Tyner nació en Philadelphia, Estados Unidos, en 1938. Influyente figura entre los pianistas de jazz, ha sabido rodearse de los mejores intérpretes. En casi seis décadas de carrera, Tyner ha dejado su huella en el Who’s Who del jazz moderno, incluyendo al saxofonista y compositor Joe Lovano Art Blakey, Michael Brecker, Eric Dolphy, Joe Henderson, Freddie Hubbard, Bobby Hutcherson, Milt Jackson, Elvin Jones, Hank Mobley, Wayne Shorter, Stanley Turrentine, entre otros.
McCoy Tyner que, con sus sofisticados acordes y una reconocida mano izquierda, no solo es un extraordinario pianista y representante del estilo, sino que también ha logrado superar etiquetas y barreras entre estilos. El rol que desempeñó en el cuarteto de Coltrane, le ha marcado de forma irreversible como el pianista del sosiego, suavidad y certeza.
En 1960 se unió al grupo de Coltrane para grabar el clásico My Favorite Things (1960), y permaneció en la formación durante cinco años, que más tarde se convertiría en uno de los grupos de jazz más innovadores de la historia, The John Coltrane Quartet. Banda que incluiría también en batería a Elvin Jones y el bajista Jimmy Garrison. Tocó en las grabaciones clásicas de Coltrane, Live at the Village Vanguard, Impressions, A Love Supreme, entre otras.
Tyner ha grabado cerca de ochenta álbumes, ha ganado cinco premios Grammy, y fue galardonado como Jazz Master from the National Endowment for the Arts en 2002. Hoy continúa dejando su marca en las nuevas generaciones de improvisers, que lo consagra como uno de los mayores intérpretes del jazz moderno.
Buenos Aires será testigo de ello en una gran noche de jazz el jueves 2 de septiembre.
A Georgia, el país del Cáucaso, volvieron los cánticos a tres voces. Crónica de una polifonía reprimida durante el régimen soviético.
Una reciente mañana calurosa en esta ciudad capital los feligreses llenaban la ornamentada Basílica Anchiskhati del siglo VI. Las mu jeres rezaban y besaban imágenes mientras el coro Anchiskhati cantaba armónicamente cánticos polifónicos sorprendentes.
Se trata de una escena habitual en Georgia, un país del Cáucaso donde los cánticos a tres voces reverberan a través del aire cargado de incienso en las iglesias antiguas. El orgullo nacionalista y la creciente fuerza de la iglesia ortodoxa georgiana se entrelazan con un renacimiento de su antigua música sacra polifónica, reprimida durante el régimen soviético.
Stravinsky, un maestro del con trapunto, habló de su fascinación por el canto georgiano, cuya rica tradición polifónica se remonta a la era pagana. Georgia se convir tió al cristianismo a comienzos del siglo IV, y la Iglesia ortodoxa geor giana se independizó en el siglo V.
Los cánticos que acompañan su liturgia evolucionaron a partir de las tradiciones palestina y bizan tina, pero desde los comienzos, fueron cantados en georgiano.
Ekaterine Diasamidze, una et nomusicóloga, cantante y conduc tora de Radio Muza, la emisora de música clásica de Tbilisi, dijo que las canciones folklóricas y sacras “son como perlas para nosotros, como diamantes: Este diamante no se toca a menos que uno tenga algo mejor para reemplazarlo”.
“La tradición y la religión están muy ligadas en Georgia”, agregó.
“El cristianismo ortodoxo es par te esencial de la identidad geor giana. El ser georgiano, el cristia nismo y el canto están unidos”.
La música sacra georgiana se parece a la música nacional fol klórica a tres voces y presenta armonías regionales muy carac terísticas. El canto de Georgia occidental a menudo incorpora acordes densos y una base bulli ciosa; el canto de Georgia orien tal tiene una voz media ornamen tal y una base simple.
Georgia es una sociedad patriar cal y socialmente conservadora, pero la escasa frecuencia de los coros de ambos sexos refleja, más que cualquier dictamen social, las armonías grupales de la música.
Desde 1991, cuando Georgia se independizó de la Unión Soviética, ha habido un gran esfuerzo por preservar su herencia musical.
Nino Naneishvili, de 26 años, directora del coro femenino Ialoni, dijo que los jóvenes descubren cada vez más los cantos yendo a la igle sia. La música sacra, agregó, forma parte de la identidad georgiana.
Pero la manera de aprender tanto la música sacra como la folklórica cambió considerable mente. John A. Graham, un etno musicólogo a punto de doctorarse en Princeton University de Nue va Jersey, que está escribiendo su tesis sobre la transcripción y la transmisión del canto litúrgi co ortodoxo, dijo que la música georgiana, folklórica y sacra, fue principalmente una tradición oral hasta fines del siglo XIX. Pa ra entonces, el legado ya estaba sin embargo en peligro, ya que Georgia había sido anexada por Rusia en 1801, y su idioma y su canto fueron eliminados.
La música tradicional también sufrió con la urbanización y los patrones sociales cambiantes, ya que los jóvenes abandonaron el país para estudiar música clá sica occidental. Los maestros cantores y los maestros de canto de los pueblos empezaron a mo rir sin dejar sucesores formados.
Por esa razón, un grupo de inte lectuales, liderados por el político Ilia Chavchavadze, inició un mo vimiento para preservar la cul tura georgiana, publicando una colección de música folklórica a fines del siglo XIX.
Durante un ensayo reciente en Tbilisi, el Ensemble Basiani prac ticaba con una pieza tradicional de Guria, en Georgia occidental: una canción embravecida, llena de matices, parcialmente impro visada durante la cual uno de los integrantes cantaba a la manera tirolesa con abandono entusias ta. Más tarde, alguien del coro le preguntó a una oyente, “¿Todavía le duele la cabeza?” De visita en Georgia, donde más probabilidades hay de oír cancio nes folklóricas es en un “supra”, un banquete con numerosos pla tos. “Es imposible imaginar una reunión georgiana sin cantos”, di jo Luarsab Togonidze, historiador que ha cantado con el Ensemble Basiani. “Los comunistas intenta ron cambiarlo, pero no pudieron.
No se puede imaginar a Georgia sin nuestras canciones”. (Fuente: Vivien Schwietzer para The New York Times y Clarín – 23/08/2010)
Para escuchar y conocer algo más sobre los bellos cantos goergiano, seleccionamos este video para compartir.
En Montevideo, bien de chico, -cuenta el tecladista, acordeonista y compositor uruguayo Hugo Fattoruso- mi padre ya me llevaba a ver tambores. Esas cuerdas que escuché, no existen. Y siempre supe que ni en sueños yo podría tocar así. Por eso demoré 45 años para tocar tambores.”
El resurgimiento de las cuerdas barriales en la capital uruguaya, unas dos décadas atrás, lo animó. “Se anotaron unos cuantos blancos, y me dije: Si toca éste, yo voy también. Una amiga me regaló un tambor, y empecé. Me rompía las manos todos los domingos, y de a poquito fui mejorando. Lo disfruté mucho, hasta que me volvió la vergüenza y decidí no tocar más. Es que al lado de esos tipos, de los que no sé ni el apellido, yo no puedo tocar tambores. El Piqui, el Piquiqui, qué se yo cómo se llaman. Pero son unos capos”, cuenta.
Sin embargo, lejos de abandonar el sonido de los tambores, “el Hugo” resolvió rodearse de ellos, y crear Rey Tambor, su propia cuerda de tambores con la que esta noche presenta su tercer CD, Puro sentimiento, en ND Ateneo.
El formato es sencillo. “Por un lado, el tambor piano, que toca Diego Paredes, comanda todo”, explica en plan didáctico. Y sigue: “El chico, a cargo de Fernando Núñez, por su diseño musical, tiene presencia permanente, y el repique, que toca Noé Núñez, va bordeando, anteponiéndose, marcando cortes.”
¿Y vos?
Yo, como pianista, voy en coche sobre esa alfombra que van tejiendo ellos, que a ojos vista es muy completa. Es un rol muy económico. Voy metiendo algunos acordes para acompañar al cantante, que soy yo. Y sino, hago alguna introducción, algún solo.
¿Cuán complicado es amalgamar tambores y teclado?
Es muy simple. El sonido del grupo no tiene goteras. Está cerrado. Lacrado. Al no haber mucho tráfico, se escucha con mucha claridad lo que hace cada uno. Además, ellos tienen un radar muy apurado. Apenas apoyo un dedo sobre una tecla, los tipos ya doblan a la derecha, a la izquierda, paran en la esquina. Hacen todo. Para grabar el disco, ensayamos una sola vez, y fuimos al estudio. Es completamente distinto a otros grupos con los que he tocado yo, con bajista, baterista y tambores. Ahí hay demasiado tráfico, mucha información, y es menos fluido el tránsito.
Fattoruso, que lleva en su currículum la indeleble marca de haber sido un Shaker primero, y un Opa después, no oculta su alegría por haberse cruzado con un editor que se interesara en el material. “Hay cosas que yo grabo que no tengo quien las distribuya en el Río de la Plata. En Uruguay, al candombe no se le da mucha bolilla. Allí, la murga tiene mucho más arraigo en el pueblo. En cambio, al candombe, la gente no se acerca. Entonces, hay discos que aparecieron en Japón o en otros países, pero que nunca fueron editados aquí”, explica. Entre ellos, Dos orientales, que también acaba de editar el sello Barca, que grabó con el percusionista japonés Tomohiro Yahiro, con quien está por iniciar su quinta gira por la isla.
¿Cómo llegaste a contactar con Tomohiro?
Es la suerte que yo he tenido en la vida. La de haber tenido los padres que me tocaron, y la de haber ido así, a los tumbos, como la vida lleva a cualquier persona. Cuando estaba viviendo en Brasil, siendo parte de la banda de Djavan, a él lo contratan de Japón, y me lleva. Antes de salir, Joyce me había dicho: ‘Te vas a encontrar con “um cara muito legal, Tomohiro, que habla español, y es percusionista’. Era la primera vez que iba a Japón. Viajamos de Río a Los Angeles. De ahí, 11 horas a Tokio, y de allí, dos horas y media más, hasta Shinjuku. Cuando llegamos, entré al hotel, y hay un tipo con un disco de Opa. –¿Me firma acá? –Sí. ¿Vos sos Tomohiro? –Sí. ‘Tengo un regalo para vos’, le dije, y le di un berimbau. Esa noche me invitó a tocar con su grupo, Speack and Span, y comenzó una gran amistad.
¿Qué fue lo que los conectó musicalmente?
Tomohiro se crió en las Canarias, y hasta su adolescencia estuvo muy ligado a la música afro. Entonces, cuando me conoció, se apasionó con la negritud que tiene este lenguaje. Una cosa que no tiene nada que ver con Berkley ni partituras. Algo que es piel y madera. Le llevé los tres tambores, se enamoró del candombe, y comenzamos a hacer giras acompañando a músicos japoneses, y con otros grupos con músicos como Jorge Cumbo y Horacio Burgos.
¿Cómo fue evolucionando la sociedad musical?
De manera muy natural, como la convivencia. Con él, también hicimos una gira con Pedro Aznar y Toninho Horta. El gordo Takamasa Segi, que toca quenas y zampoñas, me invitó por primera vez, y llamó a la banda. Le puso Superfriends. Hicimos solamente cinco ciudades. Pero entre todos esos proyectos, más algo de música brasileña, y los discos que le llevo de Rubén Rada, Eduardo Mateo, Jaime Roos, Jorge Galemira, de murga, el tipo se re copa.
¿De qué manera trabajan el repertorio?
Elegimos juntos. Y si tenemos unos temas, y ya vemos por dónde viene la cosa, atrevidamente digo: ‘Acá falta un 12 x 8, un 4 x 5.’. O, ‘Desafinado lo vamos a tocar, pero en 7, no en 2 x 4’. Y le damos. También hay un poco de suerte.
¿Qué es lo que les atrae del género a los japoneses?
Son tipos muy abiertos. Esponjas que se interesan, se apasionan. Te hacen sentir lo que ellos sienten.
Un imagen que se contrapone con el prejuicio de pensar que son fríos o exageradamente estructurados.
Son las dos cosas. Es una sociedad muy ordenada, hasta la exasperación. Pero les tocás un acorde y lloran. Son muy sentimentales.
Hace poco, Javier Malosetti decía que le gustaría ir casa por casa, donde hay discos suyos, para quitárselos a sus dueños y obligarlos a comprar el nuevo, apoyado en el argumento de que siente que lo que hizo en los discos anteriores son boludeces. ¿Ahora que en Puro sentimiento desempolvaste “Goldenwings”, cómo creés que envejeció tu música?
Creo que está bastante bien. La embocamos bastante, algo que es muy difícil. En este caso, la versión de Golden la puse para cortar la sonoridad de los tambores. Esté grabada con lo que yo llamo chip corazón orquesta, a pura chapa, puro teclado.
¿Tenés la posibilidad de escuchar lo que se está haciendo en este momento?
No demasiado. Un poco por falta de tiempo, y otro poco por falta de interés. Veo que algunos niveles han subido, y que hay muchos trabajos honestos. Y también veo que hay muchos grupos que tienen muchos seguidores, pero que tocan cosas que se tocaban en los ’70. No sabés si es el noveno, el segundo o el tercer disco del grupo. Es así. No hay novedades. No es muy importante como opinión, pero es lo que me pasa. Además, el estilo tampoco me atrae demasiado, ¿tá? Yo soy tanguero, del folclore, la música regional y tradicioinal.
En Dos orientales también aparecen algunos elementos de la música académica más reciente.
Uso atrevidamente elementos que rompan un poco, dentro de mis posibilidades. A lo que sería un súper cuadrado le hago una punta redondeada. A un círculo perfecto, lo hago medio ovalado. Es inquietud. No es estudiado ni programado. Es soltarse. Pero en cuanto a lo que escucho, soy muy antiguo: Troilo, Puglieses, Salgán, Piazzolla, chamamé. Soy de Spinetta, de Saluzzi. Después de escuchar eso, tango la panza llena. No me entra nada, ni en pedo. Son monstruos muy terribles. Es muy difícil que alguien los emparde.
En tu caso, ¿cómo trabajás el tema de la composición? ¿Respetás alguna rutina? ¿Invocás a la inspiración?
No. No hay ninguna luz mágica que me ilumine. Empiezo a buscar, tengo algo de suerte. Además, soy muy atrevido. No me quedo quieto. Y está el corazón, la emoción. Lo más importante, para mí es la emoción. Si algo que compongo me toca, no me importa que guste o no. Yo estoy tranquilo, porque está bien. Porque le puse corazón, nada más. Por eso, ya está bien. (Fuente: Sluzarzuck – Clarín – 20/08/10)
El tango nació, entre otras cosas, para ser cantado. Una tarea nada fácil, pero hay un hilo secreto que le permite a nuestra canción ciudadana unir generaciones, realidades diferentes y modos distintos de ver la relación entre música y vida. De todo eso, hablan Lidia Borda, el “Chino” Laborde (Orquesta Típica Fernández Fierro), Horacio Molina y Susana Rinaldi.
Parafraseando aquel famoso verso de Cernuda, se podría decir que para Susana Rinaldi y para el Chino Laborde el tango “es un arma cargada de futuro”. Se ven y se nota enseguida que el afecto es profundo y que él la escucha como una reverencia de esas que se usaban en otros tiempos (“vos sí que la peleaste”, dice en algún momento). Pero son diferentes, mientras la Tana es un torbellino que repite, frente a un café que dejó enfriar a propósito, toda esa fuerza que despliega en el escenario, Laborde se entusiasma con otro estilo, más medido. Arrancan hablando de dos experiencias recientes: la Rinaldi, de cantar con el grupo que dirige Pablo Agri –integrado por músicos de diferentes provincias- y el Chino, de un recital que compartió con chicos “en situación de riesgo” en Lugano. “Se sienten acompañados en esto que han comenzado”, dice la cantante, antes de hablar de la unidad entre bailarines, cantores e intérpretes para “emprender esta aventura que es el tango. Ahora nos damos cuenta de cuánto autor del pasado se compromete con la realidad de hoy y los chicos recogen el guante. Veo entre mis alumnos el éxito que tienen Contursi, Blázquez, Cátulo …” ¿Cómo superar desde la interpretación el tiempo transcurrido desde que los tangos clásicos fueron compuestos y el hoy? Laborde : Da escozor ver que la historia se repite, o que los compositores pudieron ver el futuro.
Surge el ejemplo de Discépolo y la Rinaldi resalta aquello de “todo es igual y nada es mejor”, que recién hoy está cambiando. “Estos creadores -Manzi, Cátulo, José González Castillo- siguen marcando ciertas cosas. La verdadera modificación en la historia del tango, como señaló con mucha razón Piazzolla, es el ingreso de la mujer allá por los ‘60. Otra mirada, que le permite a la mujer opinar. El machismo ha quedado como un estigma del que muchas veces nos hemos reído. Lo que conserva el tango es el enorme amor por el espacio en que nos movemos todos. El repertorio tiene también que ver con la historia del intérprete, con lo que quiere decir a través de los temas que elige”, explica.
Laborde : De pronto, descubrimos algo distinto, un filo que no le habíamos visto a un tema. Es cierto que hay temas que son limitados y otros son inabarcables. Tangos que son movilizadores, que muestran un país que ha pasado por cosas tremendas. Y cuando se los canta, la sensación es que pasa algo nuevo. Nos apasiona volver a esos tangos. Y hay tanto por versionar. Lo que exige el tango es ser bien dicho.
Rinaldi : Esas obras memorables son la base que provoca que otro compositor genere su obra. Eso no implica quedarse en siete temas, como si hubiera un ABC del tango. Pero es empobrecedor quedarse sin un tesoro que nos permite ver las cosas de otro modo. Perder la posibilidad de interpretar frases como “la vida es una herida absurda” es cercenarse como intérprete. Lo que no se hace son espectáculos completos con la historia del tango, lo que permitiría unir creaciones de grandes compositores, y de este modo hacer que se comprendan mejor los temas y, si se quiere, el país.
¿Y los nuevos tangos? Laborde : Mi generación tiene la posibilidad de seguir revisando el pasado y redescubrir joyas. El legado del siglo XX es impresionante en cantidad y calidad. Esa creatividad que tuvo el tango es una posta que retoman otras músicas, sobre todo el rock. Las letras de Spinetta, de Charly, de Nebbia tienen sabor porteño. Nunca se dejaron de escribir letras de tango. Nos estamos reconstruyendo, se lee mal y poco, vivimos en una cultura empobrecida, donde es difícil que aparezcan poetas como en los ‘40 y los ‘50.
“No tenemos la práctica de defender el lenguaje”, agrega Rinaldi. Y comparte con Laborde la esperanza de que lo que se viene sea mejor. “Hay más milongas, hay gente joven que va a bailar y a escuchar tangos. Y el éxito que tiene el tango en el mundo permite que haya más músicos que se inclinen por el dos por cuatro”. También coinciden en que la vida del tanguero es difícil. Falta de apoyo, de lugares, una sola radio en Buenos Aires que difunde el género, ningún programa de televisión (“parece que la palabra tango les da culpa”). “Se olvidan de que el tango lo escribieron, lo cantaron y lo tocaron los mejores. El valor que tiene el tango es ser una denuncia social permanente. No sólo el tango Pan , sino desde otro lado, por qué se lucha por algo, qué significa vivir en este país. Por eso los gobiernos siempre lo han combatido”. “Es una lucha muy desigual”, agrega el Chino. Susana simplemente sonríe antes de otro café. Y con una carcajada, comenta: “El único tango que no cantaría nunca es Leguisamo solo , porque temo que me griten Yegua ”.
Por su parte, Horacio Molina y Lidia Borda comparten mucho más que la pasión por cantar tangos. Acaban de editar discos dedicados a letristas, Alfredo Lepera en el caso de Molina, Homero Manzi fue el elegido por Borda.
¿Qué representa la letra? Borda : La letra en un tango es un elemento fundamental, pero también hay que encontrar algo en la melodía, en la cadencia, una personalidad.
Molina : La unidad de letra y música.
Volver es una canción perfecta, no se puede pensar ni en otras palabras ni en otra melodía; es como que vienen pegadas.
¿Qué hay de los clásicos? Molina : Hay una cierta tendencia a que dejemos atrás el pasado, que no toquemos más Mozart, ni Vivaldi. Los clásicos son eternos, van recibiendo aportes que permiten encararlos desde varios sitios. A mí me apasiona hacer versiones de los grandes clásicos de nuestra música: el desafío es exprimir ese poquito de limón que todavía se puede sacar. Creo en el valor del intérprete, que puede destrozar una canción o sacarle un rédito insólito, como Gardel. El ha cantado temas espantosos transformándolos en joyas.
Borda : El trabajo del intérprete es lograr una nueva traducción de la obra, que pase por uno, algo diferente a lo que hicieron los demás. En ese sentido, los clásicos son infinitos, porque han pasado por muchas pruebas de existencia. Abordarlos es un gran desafío, pero además es lo más divertido que hay, es esa búsqueda por encontrarle una distinta mirada. Me pregunto ¿Por qué canto tangos? Si es una realidad que ocurrió hace décadas, pero a mí me gusta, y creo que lo que queda de eso es el espíritu, por eso no pierde realidad, sigue siendo verdad.
Molina agrega: “Ella es más positiva. Yo veo tantos tics de moda, ciertas inflexiones en la voz, que no tienen nada que ver con el espíritu de los temas. Ejemplo: lo que pasó cuando artistas conocidos empezaron a cantar marchas patrióticas …” E imita a alguien muy reconocible.
Más allá de los clásicos, ¿qué pasa hoy, cuál es el destino del tango? Borda : La poética del tango derivó hacia el rock. Pienso en Charly, Spinetta.
Avellaneda Blues , de Manal me suena bastante a tango.
“El tema es que haya una verdad”, dice Molina como continuando una melodía. “Y eso tiene mucho que ver con haber nacido en el lugar o haber comido de ese guiso y que se te instale. Caetano Veloso me gusta mucho, pero cantando tangos ….” Y cambia de tema: “Trato de cantar lo mejor desde mi exigencia interna, no me conformo, me oigo como si fuera mi enemigo y no puedo dejarlo hasta que me sale como quiero.” Próxima estación: Carlos Gardel.
Molina : Cada vez que lo oigo, le descubro una cosa nueva. Fuera del mito, hay una cosa auténtica, el genio de este país.
Borda : Hay que desmitificar a Gardel, porque era real.
¿Qué es lo diferente de cantar tango a cantar otra cosa? Al unísono: “¡El estilo!” “Nunca cantaría un tango como un bolero, aunque se me acuse de eso vilmente”, aclara Molina.
Borda : Cada estilo tiene elementos estéticos y técnicos diferentes; no es lo mismo colocar la voz para una copla norteña que para el tango.
Molina : La libertad que permite un bolero para cantar, estirando las melodías, lo hacés en un tango y suena a falso y fuera de estilo. El tango es más difícil, pasar el mensaje con la emoción exacta; el bolero es más cool, lo cantás de cualquier manera, y si la voz es linda, pasa.
¿Qué lugar creen que ocupa el tango hoy en términos de público y de desarrollo de la música popular? Molina : Se lleva siempre al tango, por alguna misteriosa razón, a un lugar pintoresco; se desfigura su origen. Se canta desde la posición del macho prepotente cuando, en realidad, quien canta tango es melancólico, triste y sensible.
Borda : Quedó una imagen for export que se volvió caricatura.
Molina : Esa cosa como de rabia, que nada tiene que ver con la letra, que no concuerda con esa actitud, una actitud más maricona que macha.
Borda : La pretensión de que el tango sea como en los ‘40 no tiene sentido: la realidad es otra. Hay que permitir que esa dinámica siga avanzando y ver hacia dónde va.
Molina : No coincido; hay que luchar por algo que uno siente que está tergiversado. El alejamiento de la juventud se debió a que el tango se empezó a instalar en un lugar distorsionado de su realidad.
Ella: Coincidimos. Estancar el tango en algo obtuso te aleja de él. (Fuente: nota de Marcos Mayer especial para Clarín – 20/08/10)
Cuatro generaciones, cuatro estilos para disfrutar en estos videos que seleccionamos para compartir
Los encuentros de músicos independientes se transformaron en la usina creativa de la escena folklórica durante la década del 90 y resultaron una plataforma para el recambio musical dentro del género de raíz. Hace siete años surgió el Encuentro de Músicos en Rosario, como reflejo de otros núcleos musicales que se habían gestado en provincias como Córdoba, Tucumán y Buenos Aires. La idea principal era reunir a los artistas independientes que generaban nuevas propuestas en sus provincias siguiendo el legado de los grandes maestros, en una experiencia de intercambio mutuo.
Con ese mismo espíritu surgió el Encuentro de Músicos en Rosario, que este año cumple su séptima edición. Todos los años, el evento, auspiciado por la municipalidad de Rosario, crece en actividades, sedes y conciertos. El encuentro, que comienza hoy y se desarrollará hasta el domingo próximo, tendrá cinco conciertos por noche, a cargo de los artistas seleccionados entre 400 propuestas nuevas, a los que se sumarán referentes y maestros como Peteco Carabajal, Teresa Parodi, Facundo Ramírez, Hilda Herrera, Julio Lacarra, Marita Alondra y Jorge Marziali.
Además de los conciertos que se realizarán en la sala del Centro Cultural Lavardén, el auditorio Príncipe de Asturias del CCPE y el teatro La Comedia, habrá once talleres para docentes y alumnos avanzados de música en la Casa del Tango, el Centro de la Juventud, el Complejo Cultural Parque de España y la Isla de los Inventos, a cargo de maestros como la pianista Lilian Saba o la destacada bailarina Silvia Zerbini. Cinco días en los que la música de todo el país celebra su encuentro.
En dos ocasiones de su vida, Verdi consideró la idea de crear una misa para difuntos. La primera vez, esa idea abortó, pero al poco tiempo se le pidió que compusiera una misa de réquiem como regalo para la humanidad entera, algo que rechazó. Sin embargo, dos años después habría de cambiar de idea, ante la muerte, en Milán, de Alessandro Manzoni. Para el inspirador del Risorgimento , concibió, en un instante de solitario recogimiento ante la tumba del amigo, componer una misa para el primer aniversario de su muerte. La obra, dirigida por Verdi en la iglesia de San Marco de Milán, fue estrenada el 22 de mayo de 1874. Tras esta primera audición, Verdi dirigió tres ejecuciones en la Scala, el 25, 26 y 27. Esto significa que esa música insuperable que escucharemos el lunes 30 del actual en el Colón por la orquesta y el coro de la Scala de Milán, dirigida por Barenboim, está inserta en el corazón mismo de la ciudad italiana.
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No se puede negar que es escurridizo el tema de la religiosidad verdiana, al tener con la iglesia romana una relación ambigua, hecha a veces de afecto y otras de hostilidad, aunque es obvio que el problema de la fe estaba mucho más allá. Conocido es por cierto su violento anticlericalismo, consecuencia (además de experiencias infantiles) de su patriotismo italiano, pues veía en la política de los Estados Pontificios el mayor obstáculo para la unificación y liberación de Italia. Todo el Risorgimento -y Verdi lo representa con fuerza incontestable- está marcado por esa conducta.
Una interpretación interesante sobre el tema la planteó el sacerdote argentino Eduardo Briancesco en “Arte, política y religión en la obra de Verdi” (revista Criterio , 1978), al afirmar que el aspecto religioso no es sólo una dimensión más de su obra, sino un elemento estructurante de su genio dramático musical, “lo que es sólo posible -añade- porque Verdi estuvo profundamente marcado de por vida por las «cuestiones eternas» que le inspiraron el Requiem “.
Verdi musicaliza una ceremonia que logra su grandeza trágica de la oposición de dos órdenes irreductibles de sentimientos. Uno, el que abarca la noción de paz, luz y liberación, presentes en la plegaria del creyente; otro, el que opone la imagen de un apocalipsis de juicio y de terror. Ante la audición del “Dies irae”, se advierte hasta qué punto asume la dimensión del drama de un ineluctable final. En cambio, qué luminosa irradiación sonora la del “Lux aeterna”, cuánta paz y serena contemplación puede transmitir Verdi en otros pasajes? Es que de ese conflicto -luz, sombra- surge la contextura misma de su composición. (Fuente: Nota de Pola Suarez Urtubey – La Nación – 19/08/10)
Abajo algunas versiones del Requiem en CDs y DVD y un video de un fragmento del “Dies irae” con dirección del maestro Claudio Abbado
Daniel Barenboim tiene por delante un proyecto ciclópeo que comienza esta misma noche en el Colón -incluye la integral de las sinfonías de Beethoven, además de conciertos extraordinarios y de tres presentacones con el Coro y la Orquesta de la Scala de Milán para el Abono del Bicentenario-, pero luce tan bien dispuesto como siempre. Esta vez vino con su mujer, la notable pianista rusa Elena Bashkirova, con quien tocará una de las obras más insólitas de todo el repertorio a dos pianos: una transcripción del austríaco Anton Webern de las Cinco piezas para orquesta de Arnold Schoenberg. No hay nadie más convencido que Barenboim de la necesidad de ampliar la experiencia estética del público, lo que incluye además la primera audición local de una obra de Pierre Boulez, Dérive II . La transcripción de Webern es un tanto insólita ya que se trata de una reducción a dos pianos de la más fantasiosa de todas las piezas orquestales de Arnold Schoenberg, las mismas que Barenboim ofreció dos años atrás en el Coliseo en una memorable versión con la Orquesta de Berlín. Las coloridas piezas de Schoenberg regresan ahora en el desnudo formato de dos pianos, pero el audaz Barenboim no ve ningún problema en ello.
Maestro, usted parece amigo de las cosas imposibles. ¿No le parece que la transcripción de Webern es una utopía musical, un intento de representar lo irrepresentable? Cuando empecé a tocarlas pensaba como usted, ahora menos. Toda transcripción tiene sus desventajas, pero a veces tiene ventajas. Hay algo muy recortado y muy cerrado en esta versión, que realmente no se consigue fácilmente con la orquesta, aunque no es que vaya a reemplazarlo, claro. Vea, para mí el piano es el instumento de la ilusión. No se puede hacer realmente legato, ya todos conocemos los límites del piano. Pero el piano es el arte de crear una ilusión; el sonido no se puede sostener como un viento o una cuerda, pero el pedal crea otro tipo de sostén, de juego sonoro.
¿Y cuando usted toca esas piezas está pensando en restituir cierto efecto orquestal?
Yo siempre pienso en la orquesta, incluso cuando toco los Nocturnos de Chopin. El piano es un instrumento a primera vista no muy interesante. Uno pone un cenicero encima de la tecla, y suena. En las primeras etapas de aprendizaje es mucho más fácil que el violín, que tiene una posición incómoda y hay que encontrar la nota. El piano tiene tres patas y está ahí. Cuando más se avanza en el arte del piano más dificultades uno encuentra y más posibilidades se abren.
Cuando usted vino a hacer las sonatas de Beethoven en 2002 las agrupó de modo que en cada uno de los ocho recitales estuviesen representados los distintos períodos. Ahora la presentación de las sinfonías es cronológica, de la 1 a la 9. ¿Por qué? Primero, si ahora volviese a tocar las sonatas no sé si no las haría en orden cronológico. Tal vez. La gran ventaja de la cronología es ver el desarrollo. Para que esto tenga sentido, tiene que venir la misma gente, y hay más posibilidades de que el público se repita en cinco conciertos de orquesta que en ocho recitales de piano. Además, las sinfonías de Beethoven, posiblemente con excepción de la primera y la segunda, que tienen mucho en común, son cambiantes; es como si cada una buscase otro lenguaje. Si uno oye la quinta, la sexta parece escrita por otro músico. No hay otro compositor donde haya tantas diferencias de lenguaje. Mahler, a lo mejor…
Su amigo Edward Said escribió un libro extraordinario sobre “El estilo tardío”, el estilo tardío en general, pero seguramente inspirado en el famoso ensayo de Adorno sobre el último Beethoven. El estilo tardío se oye sin duda en las sonatas. ¿Se oye también en las sinfonías? La música tiene cosas curiosas. A veces hay un ritmo en semicorcheas que se hacen demasiado amplias y huelen a tresillos. No son tresillos, pero huelen a tresillos. Las sinfonías 8 y 9 huelen a estilo tardío, aunque no son tardías. El comienzo de la octava, o la armonía del último movimiento, que rompe con la línea y la continuidad. Hay allí algo de lo tardío, lo mismo de que en el Adagio de la Novena. Ahí ya estamos en el mundo tardío.
Usted va a dirigir a la Orquesta de la la Scala en el “Requiem” de Verdi. ¿Qué diferencias podría mencionar con respecto a la de Berlín? La Scala, tanto la Orquesta como el Coro, tiene un relación única con Verdi. Es una lección que yo aprendí dirigiendo la Orquesta de París, en un momento en que mi experiencia con la música francesa era un poco limitada. Me di cuenta de que la orquesta de París tenía la misma relación con El mar de Debussy que los alemanes con la Quinta de Beethoven. Con Verdi y la Scala pasa eso, especialamente la Scala, tan vinculada a Verdi. No les interesa el gesto de Verdi, que se oye muy bien en todos lados. Hay un contacto con el lenguaje verdiano, no sé si decir más profundo, pero sí más cercano. Cuando hacen el Requiem no es como si estuviesen frente a una música muy bella, con mucha fuerza y temperamento, es como si estuviesen frente a algo humanamente importante. Eso es lo que quiero decir.
Barenboim no sólo ha venido con su mujer sino también con su hijo Michael, el concertino de la Orquesta del West Easter Divan desde 2002, que acompañó al padre en la conferencia de prensa junto con otros tres instrumentistas, dos pastestinas y una argentina nacida en Israel, además de la presidenta del Mozarteum Jeanette Arata de Erize, de Miriam Said (la mujer de su fallecido amigo Edward Said con el que Barenboim concibió el proyecto del West-Eastern Divan), el director del Colón Pedro Pablo García Caffi, el Ministro Consejero de la embajada española (la orquesta tiene sede en Andalucía). La visita de Barenboim funciona como una triple celebración: por los 60 años de su debut en el Colón (el 19 de agosto), por la reapertura del Teatro y por el Bicentenario. Es evidente que Barenboim se toma ciertas fechas muy a pecho: “Cuando se cumplieron los 50 años de mi debut en el Colón, en el 2000, fue muy importante para mí estar presente, por lo que tuve que interrumpir muchas cosas en Europa: fue la primera vez en 18 años que no fui a dirigir a Bayreuth, y este año no hicimos nuestra gira habitual por los Festivales de Lucerna y Salzburgo para estar aquí. Cuanto más pasan los años, más me siento ligado a la Argentina. Ayer, después de cenar con unos amigos y con mi hijo, antes de volver al hotel fuimos a ver la casa donde yo había nacido. Y ayer tuve además la gran emoción de ver el Teatro Colón, nuevo y viejo al mismo tiempo, de una belleza increíble. Pueden imaginarse todas mis memorias; los recitales de Rubinstein y Arrau, Furtwängler en el 49 con La Pasión según San Mateo; siempre en el Colón, y a veces en el gallinero”.
Luego de esa evocación sentimental, el músico pasó a su especialidad, que es deshacer falsas creencias. “Lamentablemente tengo muchas cosas que para decir que acaso los desilusionen. La primera es que la leyenda Edward Said y yo quisimos crear la orquesta, es falsa. No teníamos la menor idea de la posibilidad de un proyecto como éste. Y, hay que decirlo, tampoco podíamos imaginar el nivel y la cantidad de músicos en el mundo árabe que pudieran participar en el proyecto”.
Said y Barenboim pensaban que la formación, sea cual fuese, tenía que ser equivalente: mitad árabes, mitad israelíes. Elllos en principio habían pensado en un conjunto de diez o doce músicos. A través del Instituto Goethe hicieron audiciones en El Cairo, Damasco, Beirut. “Se pueden imaginar la sorpresa cuando vimos más de doscientas aplicaciones en el mundo árabe. No todas eran buenas, pero las mejores era equivalentes a lo se podía esperar de Israel. Y ahí nos decidimos a hacer la orquesta, pero nunca habíamos imaginado que las cosas se darían de ese modo”.
A continuación Barenboim despejó otro malentendido: “Las segunda leyenda de la que tengo que desilusionarlos es que esta es una orquesta para la paz. No es verdad. Una orquesta no puede ser para la paz. La paz necesita otras cosas: justicia, estrategia, compasión. Este proyecto no es político. La gente no me cree cuando digo esto. Pero no es político, porque la política es el arte del compromiso y la música es el arte de todo menos del compromiso. Lo que esta orquesta puede ofrecer es un modelo alternativo, por eso es necesario preguntarse por qué pueden funcionar, por decirlo así, enemigos tocando música, y no en la realidad cotidiana de la región. Porque todos somos iguales frente a una sinfonía de Beethoven, con los mismos derechos y las mismas responsabilidades”. (Fuente: reportaje de Federico Monjeau para Clarín – 18/08/10)
Información
El sábado a las 15, Barenboim dará un concierto gratuito en el Obelisco con la Orquesta West-Eastern Divan. Se anunciará mañana a las 15 en conferencia de prensa en la Casa de la Cultura con la presencia de Marian Said, viuda del intelectual Edward Said.
En la misiva el ex Beatle daba consejos al cantante de folk Steve Tilston, quien estaba preocupado porque su éxito financiero podría arruinar las letras de sus temas.Una carta enviada por el difunto Beatle John Lennon, dirigida a un músico inglés de folk, llegó a su destinatario con 34 años de retraso, según informa Daily Telegraph.
En la misiva, que también lleva la firma de la viuda de Lennon, Yoko Ono, el músico daba consejos a Steve Tilston, apenas conocido, que estaba preocupado porque un hipotético éxito financiero podría arruinar las letras de sus temas.
Según parece, Lennon decidió dirigirse por carta a Tilston tras haber leído una entrevista que le hicieron en una revista musical en 1971.
En la nota, que se ha hecho pública por primera vez, el Beatle le aseguraba que la fortuna no cambia las cosas importantes de la vida.
Esa carta fue enviada justo después de que el cuarteto de Liverpool se separara, en 1970, a las oficinas de la revista (ahora desaparecida) ZigZag, aunque no llegó a Tilston hasta que un coleccionista se puso en contacto con él hace cinco años.
“Ser rico no cambia tus experiencias en la forma en que piensas. La única diferencia, básicamente, es que no te tienes que preocupar por el dinero, la comida, tener un techo, etc” , decía Lennon en la carta enviada al cantante de folk.
El músico añadía que, “en cuanto a las otras experiencias: sentimientos, relaciones…, son las mismas que tiene todo el mundo”. “Yo lo sé, he sido rico y pobre, al igual que Yoko (rico-pobre-rico). Así que, ¿qué te parece a ti? Con cariño, John y Yoko”, se despedía Lennon, que incluía en la misiva el número de teléfono de su casa.
El citado rotativo señala en su versión digital que la japonesa Yoko Ono ha dicho se acuerda del momento en que su pareja escribió la nota. (Fuente EFE).
El grupo de fusión de Marcelo Vaccaro (bajista de La Guardia del Fuego, ex Fito Páez, ex Fabiana Cantilo y varios más) experimenta en su EP debut, “The singles”, con bases funk para el juego rioplatense del fuelle y el piano. O de cómo armar la banda de sonido de una imaginaria película que mezcle blaxploitation con Hugo del Carril.
En algunos proyectos, las escenas fundacionales son tan llamativas que resultan imprescindibles para llegar al conjunto. Parece ser el caso de Funkdoneón, el grupo fusión que encabeza el bajista Marcelo Vaccaro y que lanzó su EP debut, “The singles”.
En palabras del propio Vaccaro: “En la primavera europea de 2007 me encontraba yo una noche en una milonga de Palermo, en Italia. Había terminado una pieza de tango tradicional. En ese momento comenzó a sonar “Never let me down again”, de Depeche Mode, y automáticamente en la pista comenzaron a bailarlo como tango. Al principio fue prejuicioso, pero después pensé que no estaba tan mal la idea de bailar tango sobre una canción que nos guste, siempre que el pulso lo permita”.
Con esa premisa fundacional, Funkdoneón elabora en seis temas y algo más de 20 minutos de música una estructura simple y efectiva: el jugueteo del bandoneón –sobre todo- y el piano sobre colchones rítmicos groove, aunque por momentos viren bruscamente hacia bases más tradicionalmente rioplatenses.
No se trata de tango electrónico, aunque hay teclados y programaciones. Y en buena medida tampoco es tango, aunque retiene lo sanguíneo del empedrado y el arrabal. Probablemente encuentre su lugar en las bateas por el costado del acid jazz.
Y eso que Vaccaro, que también coproduce junto a Hernán Agrasar, es un veterano del rock nacional. Fue bajista de Fito Páez, Fabiana Cantilo y Alejandro Lerner, entre otros, además de formar parte de La Guardia del Fuego, la banda de Ulises Butrón, desde su segundo disco, allá por 1994, y en su reciente regreso, hace semanas.
En la sucesión de viñetas (“Nos gusta pensar que hacemos música para mirar”, dice el propio Vaccaro) aparecen paseos por Verona y homenajes a Piazzolla. Y la imagen más lograda resuena en “Subte A”, una posible banda sonora de aquel experimento televisivo llamado “Mosca y Smith en el Once”, con Fabián Vena y Pablo Rago.
O de una película imaginaria, mitad filme de blaxploitation de los 70, mitad “El último payador”. Groove funk más sensibilidad porteña. (Fuente: Nota de Guillermo Dos Santos Feijó – Clarín – 13/08/2010)
Clasificado por The New York Timesentre los “10 Mejores Artistas Independientes” de la década de 2000, Lucas Santtana es un músico dificil de catalogar, ya que combina diferentes estilos, logrando una alquimia perfecta (y no por ello menos asombrosa) entre: Musica Popular Brasilera + Afro Beat + Dance + Dub + Electronica + Funk Carioca
Despues de participar en el album “Tropicalia 2” de Gilberto Gil y Caetano Veloso, Lucas Santtana fue invitado a formar parte del proyecto “Gilberto Gil Acustico MTV”, tras lo cual inicia su carrera solista con gran repercusion en Brasil y en el mundo.
“3 Sessions in a Greenhouse” es su tercer disco (donde es acompañado por su banda “Selecao Natural”), el cual ha sido aclamado por absolutamente toda la critica mundial, como por ejemplo: “Village Voice”, “Down Beat” y “Chicago Tribune” (USA); “Le Monde” y “Vibrations” (Francia); “Latino” y “Esquire” (Japon). El prestigioso diario “The New York Times” lo incluyo en la lista de los “10 Mejores Artistas Independientes” de la decada del 2000. Ha compuesto canciones para Marisa Monte, Gilberto Gil, Caetano Veloso, Fernanda Abreu, Adriana Calcanhoto, entre otros.
Los integrantes de Banda Cé (banda actual del mismísimo Caetano Veloso), vienen a nuestro país para presentar, junto a Lucas Santtana, su proyecto rockero de samba- jazz-dub experimental: Do Amor, surgido en las profundidades de Río de Janeiro. Los cariocas Cthulu, Absu, Mummu y Tiamat (sus apodos tal como se hacen llamar en portugués) son los integrantes de DO AMOR. En castellano, son Gustavo Benjão en guitarra y voz, Gabriel Bubu también en guitarra y voz, Marcelo Callado en batería y voz, y Ricardo Días Gómez en bajo y voz; y son quienes le ponen movimiento y diversión a su música que según ellos puede asumir las facetas más drásticas y extrañas jamás imaginadas.
El grupo se formó a finales de 2006. En 2007, graban sus primeras músicas: ‘DO AMOR’, un EP de 5 tracks, de edición limitada y agotada en el lapso de un mes. A partir del lanzamiento de ese EP, muy elogiado por la crítica especializada de Brasil, la banda se sumó al circuito musical alternativo de Rio de Janeiro, San Pablo, Salvador de Bahia, y Recife. De a poco, DO AMOR fue consolidando su nombre en la escena y entre 2007 y 2008 realizaron más de 90 shows, entre los cuales se pueden destacar varios Festivales: Humaitá pra Peixe (RJ), Calango (Cuiabá), Bananada(Goiânia), Se Rasgun (Belém-PA), GIG Rock (Porto Alegre), Grito Rock (Uberlândia e Uberaba), Goiânia Noise (en su edición paulista), Virada Cultural (palco ABRAFIN); entre muchos otros shows realizados en escenarios renombrados, como Cinemateque (RJ) e Studio SP (São Paulo).
A fines de 2008 la banda comenzó a grabar su primer disco, invitando al reconocido productor Chico Neves (quien trabajó con músicos como Lenine, el compositor angolano Paulo Flores, y bandas como Paralamas do Sucesso, O Rappa y Skank)
El disco, con lanzamiento previsto para este año, fue mezclado por Tchad Blake (Peter Gabriel, Paul Mcartney, etc) y será lanzado de forma independiente junto a la productora +Brasil, de Belo Horizonte (MG). (Fuente: datos obtenidos del Sitio: www.vuenosairez.com)