Nacido en Chicago el 12 de abril de 1940, el pianista Herbie Hancock celebra su setenta aniversario con una especie de manifiesto globalista, el álbum The Imagine Proyect , grabado en distintas ciudades del mundo con un amplísimo abanico de cantantes e instrumentistas, y un repertorio de canciones que va desde el clásico de John Lennon que da nombre al disco, en las voces de Pink y Seal, hasta La Tierra con el popular cantante colombiano Juanes.
Hancock es una gran figura del jazz moderno. Su carrera comenzó en los 60, con una descollante actuación en el quinteto de Miles Davis. Los años siguientes lo tuvieron como uno de los principales activistas del jazz electrónico y de fusión, como también de un funky más abiertamente comercial.
Con todo, como escribió Joachim Berendt en 1981, aún cuando Hancock se alejase cada vez más del jazz, el mundo del jazz no dejó de considerarlo como uno de los suyos, no sólo por su significativa trayectoria con Miles Davis, sino también por sus discos para Blue Note como Maiden Voyage o sus posteriores experiencias acústicas con el grupo V.S.O.P. (mediados de los sesenta, con Wayner Shorter, Tony Williams, Freddie Hubbrad y Ron Carter), además de sus dúos con el pianista Chick Corea o, ya en un campo estéticamente más arriesgado y más abstracto, con el saxofonista Wayne Shorter, que el público de Buenos Aires pudo apreciar hace algunos años.
The Imagine Proyect se lanzó en Nueva York el 21 de junio. Ese mismo día Hancock acompañó el lanzamiento con una conferencia de prensa y luego conversó a solas con Clarínen la habitación de un hotel aledaño al Central Park.
Si uno compara la música de sus actuaciones en Buenos Aires con Wayne Shorter, una música abstracta, casi fuera de todo género, con este nuevo disco de canciones, comprueba que su trayectoria se desarrolla en varias direcciones simultáneas. ¿Usted lo siente así? ¿Necesita producir este tipo de alternancia? Es posible, pero también podría decirle que ambas direcciones están en el disco. Si se escucha con atención, en las orquestaciones se pueden ver muchos detalles. No están simplemente puestos los acordes. Los arreglos de base en algunos casos pueden ser simples, pero el resultado es complejo, para lo cual también por supuesto colabora la participación de Wayne Shorter (en el último tema, The song goes on) .
Permítame hacer un poco de historia. Cuando a fines de los 60 usted comenzó con el piano electrónico algunos críticos le reclamaron la pérdida del “touch” (toque) y usted respondió con una declaración muy significativa. Señaló que el toque no era más importante que las ideas. Y que si Bill Evans tocaba las mismas notas que McCoy Tyner, seguramente el resultado sería más o menos el mismo. La diferencia, en su opinión, estaba más en las notas que en el sonido. ¿Sigue sosteniendo lo mismo, o fue una delaración circunstancial? Es evidente que en ese momento yo estaba defendiendo el pase a lo electrónico y enfatizaba un aspecto de la cuestión. Hoy no podría decir exactamente lo mismo, pero de todas maneras hay algo que mantengo. El sonido es una combinación de cosas: de toque, de notas y de personalidad. Finalmente, no importa el instrumento. Cuando uno escucha a Miles Davis, no está oyendo la trompeta: esta oyendo a Miles; cuando escucha a Wayner Shorter, no oye un saxo: oye a Wayne. Lo mismo debería ocurrir con un piano, e incluso, por qué no, con un piano eléctrico. Yo prefiero hablar de sonido, que es un concepto más amplio que el de “touch”.
Otra evocación. La grabación que usted hizo de “ Autumn Leaves” con el Quinteto de Miles Davis en 1963, en el Festival de Antibes, con George Coleman en saxo. No sé si lo recuerda: usted insistía en un esquelético motivo de cuatro notas mientras Miles llegaba al clímax de su solo, antes de ser relevado por Coleman. Es uno de los momentos más extraordinarios de todo el jazz. ¿Puede usted reconstruir algo acerca de esa experiencia? ¿Cómo las cosas llegaron a ese punto? No recuerdo exactamente el ejemplo que usted cita, tengo una vaga memoria. Lo que sí puedo decir es lo que significaron esas actuaciones con Miles. Seguramente eso que yo tocaba tenía que ver con lo que Miles buscaba: ideas. No importa si eran dos notas, tres o cuatro. El quería ideas, y eso suponía una pluralidad de acciones. Era tan genial que me acuerdo que una vez estábamos tocando y yo hice un acorde que sonó muy feo. Miles estaba con su solo y de pronto se puso a tocar sobre las notas de mi acorde y transformó algo chocante en algo hermoso. Podría hacerlo con dos o tres notas. Todas las personas que toccamos con Miles estamos marcadas por él definitivamente.
Usted también ha dado testimonio de la importancia de su relación musical con Tony Willimas, que era precisamente el baterista en aquel quinteto. Incluso dedicó a la memoria de Williams su grabación del movimiento lento del Concierto en Sol de Ravel (en el disco “Gershwin’s World”). ¿Cuál es la deuda con Williams? Enorme. El me daba ideas rítmicas que yo trasladaba al piano. Con él y con Ray Brown en contrabajo por momentos formábamos una sección rítmica bastante provocativa y muy interconectada. Con Tony había un idea y vuelta en todo sentido. Al principio yo lo ayudaba a escribir sus partituras. Podía leer muy bien las partituras de batería, pero escribía con dificultad, nota a nota. Continuó estudiando toda su vida. No conozco un caso igual de aplicación. Su última obra es una obra sinfónica maravillosamente orquestada. El me hizo escuchar música contemporánea. Antes de conocer a Tony, yo sólo había escuchado a Stravinski. El me hizo escuchar a Penderecki, Stockhausen, Steve Reich y otros.
Está dispuesto a que le pregunte su opinión acerca de dos pianistas de jazz vivos? Adelante.
Brad Mehldau y Keith Jarrett.
Bueno, Mehldau es un pianista formidable, un virtuoso; lo que arma con cada una de las manos, especialmente con la izquierda, es fantástico. Lo que me impresiona en Jarrett es otra cosa. Es la intensidad, la tensión que pone en todo lo que toca, aún en los temas más amables o más leves: Siempre hay una tensión en Jarret. Esa es la diferencia con Mehldau. Mehldau siempre es leve, aun cuando toque cosas muy complejas. Jarrett es como si siempre estuviera señalándonos algo (Hancock lo dice blandiendo su dedo índice), y admiro esa convicción y esa fuerza interior.
Puede pensarse que Jarrett, sobre todo si oímos sus renovadas exploraciones con el trío, continúa creyendo en el jazz, ¿no? Sin duda…
Cree mucho más que usted…
Sí. Para mí el jazz ya no es una cuestión de repertorio. Ya no pienso en el jazz, tal vez porque lo toqué demasiados años. Tengo una visión más amplia de la música, y en esa visión también está lo que la música puede significar en términos humanos. Siempre digo que tengo un largo un entrenamiento en el jazz, y este entrenamiento me ha dado la libertad y el atrevimiento de explorar nuevos mundos. (Fuente: reortaje de Federico Monjeau para Clarín – 30/06/2010)

El 24 de junio 1935 el genio se convirtió en mito cuando un accidente de avión segó la vida de Gardel y las de otras 14 personas en la pista del aeropuerto Olaya Herrera de la capital antioqueña, una de las ciudades que formaban parte de la gira del cantante, en ese momento en el apogeo de su carrera.
El virtuoso saxofonista dará un recital de tributo acompañado por los diez instrumentistas del Cuban Ensamble.
Este 2010 también pasará a la historia como el año en el que algunas mujeres argentinas levantaron la voz y se hicieron escuchar como nunca. Puede sonar a manifiesto feminista, pero en estas líneas, al menos, de lo que se trata es de un puñado de talentosas cantantes argentinas de jazz que irrumpieron hace años con una tímida fuerza, pero hoy se están consolidando como un fenómeno que excede la cuestión de género.
Pero ellas no estarán solas en las bateas: para los próximos meses se esperan las novedades discográficas de Guadalupe Raventos, una de las principales figuras locales del jazz cantado (se llamará Lady y saldrá en octubre por Melopea); de Delfina Oliver, otra de nuestras estilizadas voces ( Camino , una producción independiente que aparecerá en agosto); de Eleonora Eubel, una de las más vanguardistas cantantes y compositoras (el CD ya está terminado, pero aún no tiene fecha de edición), y de otra artista original como Roxana Amed ( Cinemateca finlandesa se llamará el álbum a dúo con el pianista Adrián Iaies, que se grabará el próximo fin de semana y se presentará en octubre).
Strange Fruit , la nueva obra de Ligia Piro, es el fruto maduro de una artista que no para de crecer, en este caso asociada luminosamente con el trompetista Juan Cruz de Urquiza, a cargo de la producción artística, los arreglos y la dirección musical. Una tarea clave en cualquier proyecto artístico, pero en este caso de complicada factura porque aquí la hija de Susana Rinaldi no recorrió un camino previsible: la acompaña una sección de vientos de ocho integrantes, en un repertorio poco convencional.
Piro alcanza el pico de su madurez como intérprete y le da nueva vida a estos temas, que tampoco suenan fáciles, sino tejidos en una trama que sostienen un gran trompetista como Urquiza y sus siete magníficos: Richard Nant en trompeta, Juan Scalona y Juan Canosa en trombón, y Ramiro Flores, Ricardo Cavalli, Gustavo Musso y Víctor Skorupski en saxo. Nada sería igual, claro está, sin el aporte decisivo de Diego Schissi en piano, Carlos Alvarez en contrabajo y Daniel “Pipi” Piazzolla en batería.
Aquí no hay un intento de innovación en sí mismo, aunque sí en materia de una relectura propia y virtuosa de once temas y un bonus track que se enrolan en esa categoría de “standards de jazz que sabemos todos”. Barbie maneja su voz como si no lo hiciera, con una naturalidad que conmueve y unos recursos notables, aplicados a contramano de las inseguridades de cualquier debutante.


Mariana Cincunegui (39) era una adolescente cuando su madre generó la primera experiencia del Jardín de la Esquina, que desembocó en el proyecto musical Piojos y piojitos . Desde ese momento, su historia musical comenzó a girar, como en un movimiento cíclico, alrededor del cosmos infantil; y sus proyectos fueron marcando un rumbo en la canción para chicos. Primero fue Piojos y Piojitos 2 ; le siguió la banda Mariana y los Pandiya, y ahora Alasmandalas: música para volar y pintar . “Todos mis proyectos parten de experiencias grupales y experimentales que se generan junto a los chicos en mis talleres. Alasmandalas surgió en un momento especial, a partir de un libro con mandalas que acercó una de las alumnas de mis talleres”, cuenta Cincunegui en el espacio de creación que tiene en Palermo, donde nacen muchos de sus proyectos.

Después de todo, no parece imaginable que Strauss pudiera argüir algo en contra de lo que Martha Argerich hace con esa partitura. En realidad, podríamos confrontar la interpretación de Argerich con las de Alfred Blumen, Rudolf Buchbinder, Friedrich Gulda o Ian Hobson y no encontraríamos distinciones de género. Aunque sí hay una diferencia clara pero que no tiene que ver con la sexualidad de los intérpretes. Sencillamente, Martha toca la Burleske mejor que todos. (Fuente: Pablo Kohan – La Nación 17/06/2010)
“El flamenco y el tango son géneros distintos pero van de la mano, porque son músicas del alma, nocturnas y con duende”, afirma Diego ‘El Cigala’. El músico publicará el directo Cigala & Tango, grabado en Buenos Aires y en el que colaboran nombres de la música argentina como Néstor Marconi y Calamaro.
El guitarrista y compositor Quique Sinesi acaba de presentar un CD homenaje al creador salteño Gustavo “Cuchi” Leguizamón, rey de la chacarera.
El viernes 11 de junio Sinesi presentó en el teatro IFT de Buenos Aires un CD homenaje al Cuchi, Cuchichiando, que grabó acompañado de otros músicos “de lujo”, como Juan Falú, Marcelo Moguilevsky, Nora Sarmoria, Luciana Jury, Matías González, Horacio López, Franco Luciani, Santiago Vázquez.
Yann Tiersen tiene baterista, sintetizador y distorsiona la guitarra. Hoy Yann Tiersen hace bailar. Y no es que se haya cansado de Amélie (cuya banda sonora lo popularizó fuera de Europa) ni de la orquesta de París ni de su amigo Dominique A., que puso la voz en cuatro de sus discos. Sí se cansó del piano, no lo quiere más en el escenario. Y también de la rutina, que él reconoce cuando está a punto de tocar y piensa “ojalá que el show termine rápido”. Ahí es cuando se siente “horrible”, pone un freno y se esconde del mundo, para cambiar.
La banda de Pablo Porcelli se caracteriza por transitar un terreno musical totalmente original: la mixtura entre el Tango y el Jazz.
Conformada por Pablo Porcelli en saxo tenor, Jorge Fasce en guitarra, Maxi Rozenblum en bajo y Claudio Eidler en batería, esta agrupación recorre clásicos tangos, y composiciones propias con un aire arrabalero que pone su sello en la música.
Rodeo” que distribuyó la discográfica española Ventilador record y obtuvo el premio como Mejor Disco Instrumental, según la revista “El Ojo del músico”.
En el año 2005 participaron del disco Open Dreams, editado por el sello ingles SLAM record, un álbum compilación. Y a mediados del 2006 salió su primer DVD “Pablo Porcelli Ensamble, Tango & Jazz”, editado por el sello Tipica Record.

