El sábado 10 de julio, se cumplieron 24 años de la muerte del gran pianista argentino Enrique “Mono” Villegas, nacido en Buenos Aires el 3 de agosto de 1913. Un hombre creativo, culto y honrado a carta cabal, tanto en la música como en la vida, incapaz de transigir con sus ideales. Artista sensible, inconformista y abierto a distintas tendencias, estrenó en Argentina el Concierto en Sol de Ravel (1932) y tocó la Rhapsody in blue, de Gershwin, junto a la Orquesta Filarmónica de Bs. As. en el Teatro Colón (1971). Sin dudas, su gran pasión fue el jazz, donde dejó reflejada su faceta de improvisador nato.
Dueño de un rico e ingenioso epistolario, se publican aquí, en su tributo, dos cartas inéditas conservadas a través del tiempo por su última compañera, Selma Henry. Datan de distintos momentos de su radicación en Nueva York, ciudad a la que viajó para grabar un par de discos acompañado por dos figuras legendarias del jazz: el contrabajista Milton Hinton y el baterista Cozy Cole: Introducing Villegas (1955) y Very, very Villegas (1957) recientemente reeditados en España por el sello Fresh Sound. Los dos fragmentos de misivas, dirigidas a sus amigos Enrique Lucero, abogado cordobés y a la Sra. María Rosa Oubiña de Castro, fundadora del Centro de Estudios Pianísticos, apodada “Cucurucha”, muestran un balance de su carrera en los Estados Unidos e impresiones sobre célebres colegas y su testimonio, como padrino artístico, del primer concierto en Estados Unidos de la notable y joven concertista de piano por entonces, Martha Argerich.
Mi estimado Lucero:
Sé que va a tener el mismo placer que tuve yo al ver estos nuevos sobres y papel con que le anuncio mi cambio de domicilio (…). He roto todos los contratos (moralmente de mi parte), físicamente he desaparecido de la city para toda persona interesada en escuchar a Villegas, el de los Lp Columbia. Desde hace un par de semanas empecé a ganarme la vida como pianista profesional y libre de toda atadura… Artísticamente tengo un background (aquí le dicen así a todo lo realizado en una carrera) de primo catello. Tengo dos Lp Columbia y he tocado en los mejores night clubs de jazz (Café Bohemia en The Embers N.Y.C.; Olivia’s Lounge en Washington(…); Blue Note en Philadelphia, tocando en compañía de Thelonious Monk –compositor que tiene algo suyo que decir y lo dice sin importársele un comino de los que hablen y tampoco nada de otra música que no sea la que él inventa: hace con los blues lo mismo que el “Zoco” Díaz con el folclore–) y por último Cotton Club en Cleveland, donde toqué por última vez en público solo y haciéndole los intermedios nada menos que a Duke Ellington, que me rindió un lindo homenaje. Dijo: “Ahora voy a tocar ‘Stardust’ y el primer solo lo tocaré al estilo Villegas” y así fue. Empezó a imitar mis armonías y mis secuencias que para él no es nada difícil pues ha sido mi constante inspiración de toda mi vida. El segundo coro me llamó y tocamos a cuatro manos y en el tercero nos acompañó toda la orquesta y no le puedo decir la que se armó. Cuando terminamos se vino abajo. Fue uno de los momentos más lindos que he pasado. (…) Ya ve, Lucerito, que en 24 horas de diferencia, esta carta que empezó en un tono termina en una disonancia (la empecé hace 2 días y hoy la termino después de haber recibido la mala noticia del juicio de desalojo de mi departamento en Buenos Aires). Una vez más Marcel Proust ha escrito toda la verdad. Un gran abrazo. Enrique Villegas.
South Fallsburg Enero 21/66
Cucurucha querida:
Prometido es deuda y aquí va el relato del domingo 16, día del american debut de Martha Argerich en el Philarmonic Hall de la ciudad de New York. (…) El domingo me levanté a la 1. Me afeité, bañé, vestí con mi único traje (…). Tomé desayuno y me fui a la entrada de artistas del Philarmonic Hall a esperar a Marthita (…). Tuve la suerte de que en ese momento entraba un señor que me hizo pasar y entonces pude esperar tranquilamente y calentito (…). Llegué a las 2 menos 20 y el conserje me dijo que el soloist todavía no había llegado. Diez minutos más tarde, apareció Marthita acompañada de una señora. Corrió hacia mí, la abracé y besé, y en seguida me dijo que no la escuchara, que iba a tocar muy mal, que no se sentía bien y que a ninguno de sus amigos les gustaba tocar en New York y no sé cuántas cosas más. Le contesté: “Dejate de macanas. Salí y tocá y no te preocupes por nada”. Entonces salí y me fui a mi asiento para escuchar el concierto tranquilo (…). Salió Marthita con un vestido color sangre sin ninguna complicación y con el relax de siempre. Se sentó y empezó a tocar “La Partita” de Bach en Do (el programa decía en Mi menor) como verás en las críticas, unos se dieron cuenta y otros no. Tocó Bach como Gulda se lo enseñó (…). En fin, la apoteosis del concierto se produjo después del scherzo que lo tocó rajando como siempre (pero la velocidad es lo que más le gusta al público americano) y culminó con la “Sonata 7″ de Prokofieff que, ya afirmada, la tocó como ella toca siempre que nada la molesta. (…) Se sentó y lo tocó a todo fuego. Fue el acabóse y la hicieron salir como cinco veces más pero la administración apagó las luces del escenario y no hubo más encores.(…) Estuvimos en el camarín hasta las 19 (el concierto terminó a las 17). Pero se acaba el papel y mañana sigo con el relato. Hasta mañana. Te quiero mucho y Marthita también.
Enrique.
(Fuente: nota de Carlos Inzillo – Revista Ñ – 09/07/2010)
Para recordarlo y seguir disfrutando de su talento.



El 24 de junio 1935 el genio se convirtió en mito cuando un accidente de avión segó la vida de Gardel y las de otras 14 personas en la pista del aeropuerto Olaya Herrera de la capital antioqueña, una de las ciudades que formaban parte de la gira del cantante, en ese momento en el apogeo de su carrera.
José Mercé lo recuerda. Fue en 1971 en una gira por Argentina cuando pudo al fin comprar las obras completas de Miguel Hernández. En España, con la dictadura de Franco aún en pie, era un poeta prohibido. Y cuando se cumple el centenario de su nacimiento, como otros muchos artistas flamencos, el cantaor jerezano no ha dudado en sumarse a los actos de homenaje. El sábado 17 de abril de 2010 ofrece un recital enmarcado en el ciclo ‘Pasión por el Poeta’ en el Teatro Circo de Orihuela (Alicante), su pueblo natal, en el que interpretará la versión de las ‘Nanas de la cebolla’ incluida en su nuevo disco ‘Ruido’.
Y no es la única contribución del flamenco al centenario. El domingo 18 de abril, Enrique Morente cierra, mano a mano con el recitado de Luis García Montero, el ciclo Cosmopoética 2010 en las Caballerizas Reales de Córdoba, con un recital de flamenco y poesía que tendrá como protagonista los versos de Miguel Hernández. Precisamente, fue el cantaor granadino el primero que grabó sus versos. Lo hizo en 1971, dando a luz el disco ‘Homenaje flamenco a Miguel Hernández’. Con las guitarras de Parrilla de Jerez y Perico el del Lunar, convirtió poemas como ‘El niño yuntero’ en malagueñas y ‘Sentado sobre los muertos’ en un romance. En 2001 llegaría el completo trabajo de Manuel Gerena ‘Manuel Gerena canta con Miguel Hernández, en el que el cantaor-protesta sevillano combinó su cante con la palabra del poeta. Y entre medias, incluso Camarón pasó por su garganta la poesía del de Orihuela, grabando en su ‘Soy gitano’ (1989) el poema ‘El pez más viejo del río’ a compás de fandangos de El Gloria.
También el flamenco baila a Miguel Hernández. María Pages tiene más que incorporado a su repertorio el solo de la ‘Nana de la cebolla’. Con música en off del cantautor Joan Manuel Serrat, la bailaora sevillana la interpreta en el marco de su espectáculo ‘Flamenco y poesía’, que el 10 de abril presentó en el Teatro Salón Cervantes de Alcalá de Henares (Madrid) y que el 23 de abril mostrará en teatro Palacio Valdés de Avilés (Asturias). Para la próxima Bienal de Flamenco de Sevilla 2010 está anunciado el estreno de ‘En la horma de sus zapatos’, un nuevo espectáculo de Isabel Bayón que recuerda a Miguel Hernández.



Sin duda, uno de los más grandes compositores de la historia, apodado “il prete rosso” (el cura rojo) por ser sacerdote, pelirrojo y vestir una capa roja. Compuso unas 770 obras, entre las cuales se cuentan 477 concerti y 46 óperas y es considerado uno de los precursores de la música romántica.












