En dos ocasiones de su vida, Verdi consideró la idea de crear una misa para difuntos. La primera vez, esa idea abortó, pero al poco tiempo se le pidió que compusiera una misa de réquiem como regalo para la humanidad entera, algo que rechazó. Sin embargo, dos años después habría de cambiar de idea, ante la muerte, en Milán, de Alessandro Manzoni. Para el inspirador del Risorgimento , concibió, en un instante de solitario recogimiento ante la tumba del amigo, componer una misa para el primer aniversario de su muerte. La obra, dirigida por Verdi en la iglesia de San Marco de Milán, fue estrenada el 22 de mayo de 1874. Tras esta primera audición, Verdi dirigió tres ejecuciones en la Scala, el 25, 26 y 27. Esto significa que esa música insuperable que escucharemos el lunes 30 del actual en el Colón por la orquesta y el coro de la Scala de Milán, dirigida por Barenboim, está inserta en el corazón mismo de la ciudad italiana.
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No se puede negar que es escurridizo el tema de la religiosidad verdiana, al tener con la iglesia romana una relación ambigua, hecha a veces de afecto y otras de hostilidad, aunque es obvio que el problema de la fe estaba mucho más allá. Conocido es por cierto su violento anticlericalismo, consecuencia (además de experiencias infantiles) de su patriotismo italiano, pues veía en la política de los Estados Pontificios el mayor obstáculo para la unificación y liberación de Italia. Todo el Risorgimento -y Verdi lo representa con fuerza incontestable- está marcado por esa conducta.
Una interpretación interesante sobre el tema la planteó el sacerdote argentino Eduardo Briancesco en “Arte, política y religión en la obra de Verdi” (revista Criterio , 1978), al afirmar que el aspecto religioso no es sólo una dimensión más de su obra, sino un elemento estructurante de su genio dramático musical, “lo que es sólo posible -añade- porque Verdi estuvo profundamente marcado de por vida por las «cuestiones eternas» que le inspiraron el Requiem “.
Verdi musicaliza una ceremonia que logra su grandeza trágica de la oposición de dos órdenes irreductibles de sentimientos. Uno, el que abarca la noción de paz, luz y liberación, presentes en la plegaria del creyente; otro, el que opone la imagen de un apocalipsis de juicio y de terror. Ante la audición del “Dies irae”, se advierte hasta qué punto asume la dimensión del drama de un ineluctable final. En cambio, qué luminosa irradiación sonora la del “Lux aeterna”, cuánta paz y serena contemplación puede transmitir Verdi en otros pasajes? Es que de ese conflicto -luz, sombra- surge la contextura misma de su composición. (Fuente: Nota de Pola Suarez Urtubey – La Nación – 19/08/10)
Abajo algunas versiones del Requiem en CDs y DVD y un video de un fragmento del “Dies irae” con dirección del maestro Claudio Abbado
Daniel Barenboim tiene por delante un proyecto ciclópeo que comienza esta misma noche en el Colón -incluye la integral de las sinfonías de Beethoven, además de conciertos extraordinarios y de tres presentacones con el Coro y la Orquesta de la Scala de Milán para el Abono del Bicentenario-, pero luce tan bien dispuesto como siempre. Esta vez vino con su mujer, la notable pianista rusa Elena Bashkirova, con quien tocará una de las obras más insólitas de todo el repertorio a dos pianos: una transcripción del austríaco Anton Webern de las Cinco piezas para orquesta de Arnold Schoenberg. No hay nadie más convencido que Barenboim de la necesidad de ampliar la experiencia estética del público, lo que incluye además la primera audición local de una obra de Pierre Boulez, Dérive II . La transcripción de Webern es un tanto insólita ya que se trata de una reducción a dos pianos de la más fantasiosa de todas las piezas orquestales de Arnold Schoenberg, las mismas que Barenboim ofreció dos años atrás en el Coliseo en una memorable versión con la Orquesta de Berlín. Las coloridas piezas de Schoenberg regresan ahora en el desnudo formato de dos pianos, pero el audaz Barenboim no ve ningún problema en ello.
Maestro, usted parece amigo de las cosas imposibles. ¿No le parece que la transcripción de Webern es una utopía musical, un intento de representar lo irrepresentable? Cuando empecé a tocarlas pensaba como usted, ahora menos. Toda transcripción tiene sus desventajas, pero a veces tiene ventajas. Hay algo muy recortado y muy cerrado en esta versión, que realmente no se consigue fácilmente con la orquesta, aunque no es que vaya a reemplazarlo, claro. Vea, para mí el piano es el instumento de la ilusión. No se puede hacer realmente legato, ya todos conocemos los límites del piano. Pero el piano es el arte de crear una ilusión; el sonido no se puede sostener como un viento o una cuerda, pero el pedal crea otro tipo de sostén, de juego sonoro.
¿Y cuando usted toca esas piezas está pensando en restituir cierto efecto orquestal?
Yo siempre pienso en la orquesta, incluso cuando toco los Nocturnos de Chopin. El piano es un instrumento a primera vista no muy interesante. Uno pone un cenicero encima de la tecla, y suena. En las primeras etapas de aprendizaje es mucho más fácil que el violín, que tiene una posición incómoda y hay que encontrar la nota. El piano tiene tres patas y está ahí. Cuando más se avanza en el arte del piano más dificultades uno encuentra y más posibilidades se abren.
Cuando usted vino a hacer las sonatas de Beethoven en 2002 las agrupó de modo que en cada uno de los ocho recitales estuviesen representados los distintos períodos. Ahora la presentación de las sinfonías es cronológica, de la 1 a la 9. ¿Por qué? Primero, si ahora volviese a tocar las sonatas no sé si no las haría en orden cronológico. Tal vez. La gran ventaja de la cronología es ver el desarrollo. Para que esto tenga sentido, tiene que venir la misma gente, y hay más posibilidades de que el público se repita en cinco conciertos de orquesta que en ocho recitales de piano. Además, las sinfonías de Beethoven, posiblemente con excepción de la primera y la segunda, que tienen mucho en común, son cambiantes; es como si cada una buscase otro lenguaje. Si uno oye la quinta, la sexta parece escrita por otro músico. No hay otro compositor donde haya tantas diferencias de lenguaje. Mahler, a lo mejor…
Su amigo Edward Said escribió un libro extraordinario sobre “El estilo tardío”, el estilo tardío en general, pero seguramente inspirado en el famoso ensayo de Adorno sobre el último Beethoven. El estilo tardío se oye sin duda en las sonatas. ¿Se oye también en las sinfonías? La música tiene cosas curiosas. A veces hay un ritmo en semicorcheas que se hacen demasiado amplias y huelen a tresillos. No son tresillos, pero huelen a tresillos. Las sinfonías 8 y 9 huelen a estilo tardío, aunque no son tardías. El comienzo de la octava, o la armonía del último movimiento, que rompe con la línea y la continuidad. Hay allí algo de lo tardío, lo mismo de que en el Adagio de la Novena. Ahí ya estamos en el mundo tardío.
Usted va a dirigir a la Orquesta de la la Scala en el “Requiem” de Verdi. ¿Qué diferencias podría mencionar con respecto a la de Berlín? La Scala, tanto la Orquesta como el Coro, tiene un relación única con Verdi. Es una lección que yo aprendí dirigiendo la Orquesta de París, en un momento en que mi experiencia con la música francesa era un poco limitada. Me di cuenta de que la orquesta de París tenía la misma relación con El mar de Debussy que los alemanes con la Quinta de Beethoven. Con Verdi y la Scala pasa eso, especialamente la Scala, tan vinculada a Verdi. No les interesa el gesto de Verdi, que se oye muy bien en todos lados. Hay un contacto con el lenguaje verdiano, no sé si decir más profundo, pero sí más cercano. Cuando hacen el Requiem no es como si estuviesen frente a una música muy bella, con mucha fuerza y temperamento, es como si estuviesen frente a algo humanamente importante. Eso es lo que quiero decir.
Barenboim no sólo ha venido con su mujer sino también con su hijo Michael, el concertino de la Orquesta del West Easter Divan desde 2002, que acompañó al padre en la conferencia de prensa junto con otros tres instrumentistas, dos pastestinas y una argentina nacida en Israel, además de la presidenta del Mozarteum Jeanette Arata de Erize, de Miriam Said (la mujer de su fallecido amigo Edward Said con el que Barenboim concibió el proyecto del West-Eastern Divan), el director del Colón Pedro Pablo García Caffi, el Ministro Consejero de la embajada española (la orquesta tiene sede en Andalucía). La visita de Barenboim funciona como una triple celebración: por los 60 años de su debut en el Colón (el 19 de agosto), por la reapertura del Teatro y por el Bicentenario. Es evidente que Barenboim se toma ciertas fechas muy a pecho: “Cuando se cumplieron los 50 años de mi debut en el Colón, en el 2000, fue muy importante para mí estar presente, por lo que tuve que interrumpir muchas cosas en Europa: fue la primera vez en 18 años que no fui a dirigir a Bayreuth, y este año no hicimos nuestra gira habitual por los Festivales de Lucerna y Salzburgo para estar aquí. Cuanto más pasan los años, más me siento ligado a la Argentina. Ayer, después de cenar con unos amigos y con mi hijo, antes de volver al hotel fuimos a ver la casa donde yo había nacido. Y ayer tuve además la gran emoción de ver el Teatro Colón, nuevo y viejo al mismo tiempo, de una belleza increíble. Pueden imaginarse todas mis memorias; los recitales de Rubinstein y Arrau, Furtwängler en el 49 con La Pasión según San Mateo; siempre en el Colón, y a veces en el gallinero”.
Luego de esa evocación sentimental, el músico pasó a su especialidad, que es deshacer falsas creencias. “Lamentablemente tengo muchas cosas que para decir que acaso los desilusionen. La primera es que la leyenda Edward Said y yo quisimos crear la orquesta, es falsa. No teníamos la menor idea de la posibilidad de un proyecto como éste. Y, hay que decirlo, tampoco podíamos imaginar el nivel y la cantidad de músicos en el mundo árabe que pudieran participar en el proyecto”.
Said y Barenboim pensaban que la formación, sea cual fuese, tenía que ser equivalente: mitad árabes, mitad israelíes. Elllos en principio habían pensado en un conjunto de diez o doce músicos. A través del Instituto Goethe hicieron audiciones en El Cairo, Damasco, Beirut. “Se pueden imaginar la sorpresa cuando vimos más de doscientas aplicaciones en el mundo árabe. No todas eran buenas, pero las mejores era equivalentes a lo se podía esperar de Israel. Y ahí nos decidimos a hacer la orquesta, pero nunca habíamos imaginado que las cosas se darían de ese modo”.
A continuación Barenboim despejó otro malentendido: “Las segunda leyenda de la que tengo que desilusionarlos es que esta es una orquesta para la paz. No es verdad. Una orquesta no puede ser para la paz. La paz necesita otras cosas: justicia, estrategia, compasión. Este proyecto no es político. La gente no me cree cuando digo esto. Pero no es político, porque la política es el arte del compromiso y la música es el arte de todo menos del compromiso. Lo que esta orquesta puede ofrecer es un modelo alternativo, por eso es necesario preguntarse por qué pueden funcionar, por decirlo así, enemigos tocando música, y no en la realidad cotidiana de la región. Porque todos somos iguales frente a una sinfonía de Beethoven, con los mismos derechos y las mismas responsabilidades”. (Fuente: reportaje de Federico Monjeau para Clarín – 18/08/10)
Información
El sábado a las 15, Barenboim dará un concierto gratuito en el Obelisco con la Orquesta West-Eastern Divan. Se anunciará mañana a las 15 en conferencia de prensa en la Casa de la Cultura con la presencia de Marian Said, viuda del intelectual Edward Said.
El músico serbio ofreció una personal versión de Chopin con la Filarmónica de Buenos Aires.
Podrá discutirse el atractivo de los programas que lleva a cabo la Filarmónica este año, pero no el de las personalidades de los pianistas que ha invitado. La precoz Natasha Binder abrió la temporada, la siguió el genial Jean-Yves Thibaudet. Anteanoche le tocó el turno al excéntrico Ivo Pogorelich.
Pogorelich saltó a la fama cuando su eliminación del Concurso Chopin suscitó el enojo de uno de los jurados más notables, Martha Argerich. Escuchando su versión del concierto para piano nº 2 de Chopin, se puede entender tanto el rechazo que suscitó en el jurado de aquel concurso como la admiración que su personalidad despertó en Argerich. Porque es cierto que sus interpretaciones carecen de equilibrio pero al mismo tiempo es imposible no admirar no sólo su técnica sino –y sobre todo- sus atrevimientos interpretativos.
Con un rico y arriesgado juego de contrastes, Pogorelich subraya con potencia arrolladora y rítmicos ataques el sonido de los bajos, la estructura armónica de la obra. Sobre ésta apenas dibuja las largas melodías en un cristalino y casi evanescente pianísimo. Las grandilocuentes acentuaciones se contraponen a ese sonido delicadísimo y crean dos polos auditivos, en una versión desosegada y dicotómica.
Es cierto que ese enorme contraste convierte el exquisito plano melódico en ágiles filigranas y hasta podría decirse que las reduce a meros adornos. Sin embargo, hay algo en ese toque cristalino, en esa búsqueda tímbrica que obliga a redoblar la atención. El oído no se resigna fácilmente a perder la sensualidad de la línea. Y el efecto es sorprendente porque al esforzarse, la recupera con un afecto nuevo.
Pero Pogorelich no había tenido una buena noche. No parecía contento ni con la orquesta ni con quien muy eficientemente le daba vuelta las hojas (como muy pocos pianistas, Pogorelich lee partitura durante sus presentaciones). Para colmo, una cuerda del piano le jugó una mala pasada en el segundo movimiento, justo cuando parecía haber encontrado cierta comunicación con la Filarmónica, que había sonado desajustada y desangelada ya desde el primer ataque. Solo en el Larghetto las cuerdas se encontraron con su potencial color. Apenas terminado el concierto, Pogorelich corrió su banqueta con modos no del todo amables, saludó al director, se esmeró en sonreír y luego de las convencionales salidas y regresos, regaló una reverencia y desapareció de la sala.
Lo que siguió después del intervalo fue la Sinfonía Asrael de Josef Suk, una obra pomposa cuyos lugares comunes –la primera parte parecía un catálogo de ostentosas culminaciones- y problemas formales vuelven injustificable su extensísima duración. (Fuente: Crítica de Sandra de la Fuente para Clarín – 3/07/2010)
Disfrutamos de su arte en esta magnífica interpretación, que forma parte del DVD que se muestra debajo.
Más Chopin, Haydin y Mozart en su DVD “In Castello Reale Di Racconigi” (2007)
Queridos desconocidos en general y sin embargo amigos la mayoría:
El 23 de Febrero aparece mi último trabajo discográfico: “Hijo de la luz y de la sombra”. Un puñado de canciones sobre poemas de Miguel Hernández. Una prolongación del disco que apareció en 1972 y también un complemento.
Trece nuevas canciones componen esta entrega. Un amplio recorrido por la obra de Miguel Hernández que incluye desde poemas de juventud como “La palmera levantina” hasta versos de “Hijo de la luz y de la sombra”, el más hondo y ambicioso de sus poemas, probablemente su obra maestra cuya lectura recomiendo de manera especial.
¿Por qué vuelvo a escarbar de nuevo en la obra de Miguel Hernández.?
Fundamentalmente por dos razones. Una, porque este año se cumple el Centenario del nacimiento del poeta y, como viejo amigo que soy, me sentía en la obligación de celebrarlo desde los escenarios. La gente me lo iba a pedir. La gente ama al poeta y, como yo, no dejaría pasar la onomástica sin recordarla.
En principio, la idea buscaba apenas refrescar el viejo repertorio con un par de nuevas canciones así que, sin grandes expectativas, volví a bucear en su poesía pero a medida que los viejos versos me devolvían nuevas emociones y las ideas se iban materializando en canciones fue creciendo mi entusiasmo hasta que finalmente, a la vista de la bondad del material resultante, aposté decididamente por este trabajo que ahora presento. Una nueva entrega de sus versos listos para cantar.
La otra razón que me ha empujado a volver sobre la obra de Miguel Hernández, la más importante y la que me convenció del interés y validez del proyecto es la intemporalidad de su poesía, la vigencia de sus versos más allá del lugar y el tiempo en que vieron la luz, más allá del contexto en que nacieron, versos que siguen sonando tan sólidos y frescos como si hubieran sido escritos ayer y aquí.
Ha sido fundamental haber contado con magníficos colaboradores para llevar el proyecto a buen puerto. A todos ellos mi gratitud, desde la capitanía de Joan Albert Amargós en la preparación de las canciones, los arreglos y la dirección musical hasta la paciencia y el trabajo de Raúl Cuevas en la grabación y de José Luis Crespo en las mezclas. Ellos son una muestra de la larga lista de amigos y colaboradores que han hecho posible este “Hijo de la luz y de la sombra” .
Me gustaría que este trabajo ayudase a acercar al público la poesía de Miguel Hernández, a mi entender uno de nuestros poetas contemporáneos fundamentales, y que la gente, más allá de las canciones, encuentre en los libros el alma del poeta.
La fecha de aparición de este trabajo es producto del azar aunque confieso que no me parece mal la coincidencia. Al fin y al cabo, visto desde la distancia, el 23 de Febrero de 1981 fue el día en que el franquismo perdió su última batalla y nada mejor que celebrarlo con vosotros descorchando este manojo de canciones que, con versos del poeta de Orihuela, he preparado en la esperanza de que os conmuevan como a mí.
Joan Manuel Serrat
Hendrix Experience registra los momentos musicales más destacados e inolvidables de dos conciertos estelares en homenaje a Jimi Hendrix, reconocido y aclamado, por los críticos y fans, como el mejor guitarrista de todos los tiempos.
Filmado en San Diego y en el Paramount Theater de Seattle, la ciudad natal de Hendrix, reúne, por única vez, las actuaciones de legendarios gigantes del blues, como Buddy Guy y Hubert Sumlin junto a Paul Rodgers, al ex guitarrista de los Rolling Stones Mick Taylor y a la nueva generación de héroes de la guitarra, incluyendo a Kenny Wayne Shepherd, Robert Randolph, Mike McCready de Pearl Jam, Kenny de Kid Rock, Olson, y Vernon Reid para celebrar el legado del músico.
Uniendondo fuerzas con estos grandes artistas están Mitch Mitchell y Billy Cox, de The Jimi Hendrix Experience, así como Chris Layton, Tommy Shannon de Double Trouble, la poderosa sección rítmica que al gran y recordado Stevie Ray Vaughan.
The Britten-Pears Collection, es una serie de álbumes de DVD simultáneamente publicados por Decca con grabaciones procedentes de fondos de la BBC, que nos brinda una completa panorámica de las distintas facetas del fenómeno Benjamin Britten, un caso único de vocación artística igualmente feliz en labores de creación, en la adaptación y recreación de músicas tradicionales, en la interpretación pianística y en la dirección orquestal tanto de obras propias como ajenas. Y a la vez es un homenaje a la figura de Peter Pears, quien, si bien ya superaba la cincuentena en la época de las grabaciones, aún derrochaba musicalidad e inteligencia interpretativa en cuantos cometidos afrontaba.
En el video una de las folk-songs, extraída del álbum correspondiente, con Britten en el piano y la voz de Peter Pears:
Por decisión de un comité intergubernamental, la UNESCO declaró, el 1 de octubre del año que finalizó, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad al tango, melodía y baile fundamental y característico del Río de la Plata.
Sentimos necesario, entones, comenzar nuestro año musical con un tango. Astor Piazzola interpreta “Adios Nonino” con la Sinfónica “Cologne Radio Orchestra” de Alemania.
La ejecución está tomada del DVD documental “Astor Piazzolla: The Next Tango”, editado por el sello alemán Deutsche Grammophon
El Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, tiene lugar cada año en la mañana del 1º de enero en Viena (Austria). Es transmitido a lo largo del mundo para una audiencia estimada en 1000 millones de personas en 54 países.
A continuación los dos DVDs de las grabaciones de los conciertos de año nuevo que Karajan -uno de los más famosos directores de orquesta del siglo pasado- dirigió en Viena en 1978 y 1987.
El repertorio de 1978 incluyó exclusivamente obras clásicas populares. La obertura de Verdi “La forza del destino”, Arlesiana de Bizet y “Suite Nº 2″ y “Rapsodia Húngara de Litz, son algunas de las obras interpretadas.
El repertorio de 1987 incluyó piezas de Josef, Johann y Johann Jr. Strauss.
Bob Dylan cambió la música popular en los años 60 y desde entonces y hasta hoy nunca ha dejado de influenciar a músicos, escritores, poetas, en definitiva a la cultura en general. Tomando como inspiración su carrera en constante cambio, “I’m not there” film del director Todd Haynes muestra un puzzle de historias en la América de los años 60 y 70, cada una de las cuales expresa un aspecto de la vida y carrera de Dylan, cuyo espíritu rescata de una forma sumamente abstracta presentándolo a través de seis actores que expresan seis aspectos distintos del cantautor, estos son Cate Blanchett, Christian Bale, Richard Gere, Heath Ledger, Ben Wishaw y Marcus Carl Franklin.
Las imágenes nos muestran el trailer del Concierto realizado en The Pyramid Arena, el 16 de agosto de 2002, conmemorando los 25 años de la actuación de Presley en ese escenario.
Elvis Presley está presente en una pantalla gigante poniendo su voz a través de imágenes de sus conciertos legendarios, como ¨Aloha From Hawaii¨, o ¨That¨s The Way It Is¨, y también ¨Elvis On Tour¨, algunas de las imágenes que se usan son inéditas. Por ejemplo, cuando sobre el comienzo con las notas del tema Also Sprach Zarathustra y con un sonido espectacular, aparece una gran limusina negra, ante las miradas atónitas de los fans. Todos sabemos que Elvis no está dentro de ese coche, pero la puesta en escena es tan fantástica, que no se puede evitar dejarse llevar por la imaginación y la emoción en ese momento.
THE GREATEST ELVIS COLLECTION incluye completo el mencionado Concierto Aniversario y dos DVDs con 39 actuaciones de Elvis Presley a lo largo de su carrera.